16 mayo 2006

Simples mortales... Crónica neurótica de una salida con la cofradia

Sidurti se ha encargado de narrar parte de la aventura, aquí les presento como inicio el extraño acontecimento. Una salida que para olvidar tendremos que ir al psicólogo

Al borde de un ataque de nervios

Murphy tenía razón a dictar sus leyes, fuese el resultado la fría verdad o una dosis pesimista. Lo que no considero fue que la aplicación de algunas de sus leyes provocarían ataques de nervios y robarían gratas sonrisas a terceros.
Cuando algo puede salir mal, sale mal. A sí podemos empezar el relato, salimos tarde y nos encontrarnos con calles cerradas y un tráfico poco habitual de un sábado. Sólo para descubrir que la situación no cambiaría al menos en los próximos largos y abrumantes minutos. La crisis comenzaba a adquirir un toque sobresaliente.
Cuando varias cosas salen mal, lo hacen en el peor orden posible. No sólo podía haber tráfico en Tlalpan. No, parecía que todo el mundo decidió ir rumbo al palacio. Era el destino, que sin importar el ataque de desesperación del conductor, envió un poder particular: el del norte para detenernos, luego un bici- taxi y aprovechándose de la cortesía de Tamen más de una imprudente transeúnte que pasaba la calle en un lugar no apropiado.
A veces, fingir que sabemos lo que estamos haciendo puede ser lo más acertado, sobre todo si la fila del estacionamiento al que debes ingresar se extiende a lo largo de la almeda y tú te encuentras por más señas al final de ella. En un ataque de desesperación salimos de la fila, decisión que nos haría reflexionar que toda solución engendra nuevos problemas particularmente si la solución te lleva a la posibilidad de quedarte fuera del estacionamiento. Sin embargo los buenos reflejos de amo del volante lograron en meterse en la fila, coreado por el sonido del claxon. Llevándole a acciones espectaculares para lograr obtener el boleto, que ya parecía inalcanzable. El karama actuó con precisión llevándonos al tercer nivel del estacionamiento. Alejando más el palacio. Treinta y cinco minutos después de la hora de acceso, no quedaba otro remedio que seguir este sabio consejo: si el problema tiene solución, ¿para qué preocuparse? y si no tiene solución, ¿para qué preocuparse? Mientras corríamos e intentábamos entrar al recinto con le mayor decoro posible.
Serindë

1 comentarios:

  1. Serindë dijo...

    Sidurti Dice:

    Esa salida por poco se convierte en un encuentro cercano con la muerte... o al menos con alguien muy, muy enojado...dentro del auto y fuera por los arrebatos de nuestro amable conductor.
    No obstante falta la última parte de la crónica...pero la pregunta está en el aire ¿ alguna vez el mundo leerá esa última versión de la crónica?