10 julio 2006

Inmortales

Aquí las historias van y vienen . Todas cuentan un poco de la vida de sus autores, de sus muy particulares personalidades, gustos o estado mental.
Pero llegó el momento en que los escritores tomen las riendas de su vida. Inicio este relato con la intención de que sea continuado. Comenzó como un día en la vida de los integrantes del café, sin embargo, un solo día no basta.


El Inicio


Era una noche tranquila. Los clientes habituales. Sidurti servia bebidas y consejos con su eficiencia característica. En la barra, estaba Serindë, cruzando comentarios con la llamada Tabernera mítica. Se conocían hace tiempo, pocos conocían las circunstancias, pero sabían que era peligroso meterse con alguna, molestar a las dos juntas era sentencia de muerte. Charlaban sobre los hombres guapos en el lugar, el clima, la muerte de un ángel, la receta del pie de manzana. Una silueta se acercó a la barra. Sin esperar peticiones, Sidurti sirvió un trago y saludó.




-Va ha llover, Tamen, llegas tarde-
-“Chicas ¿cómo están?”- Fue la respuesta del desconocido.
-¿Terminaste el trabajo? Cuestionó Serindë sin preocupación en su voz, más bien era una pregunta rutinaria.
-¿O tuviste problemas?- Añadió Sidurti mientras abría una botella desde el otro extremo de la barra.
-Nada de eso. Nunca he fallado y no es momento para empezar a hacerlo. Saben que cuando se trata de trabajo siempre cumplo.- Afirmó Tamen
-Deberíamos contratarlo como amigo, talvez así sea más eficiente- sugirió Sidurti con una sonrisa.
Las risas de los tres se escucharon entre sonidos de cristal y liquido.
Siempre me maltratan, pero me extrañaran algún día- sentenció Tamen.
Puras amenazas, Tamen. ¿Te dio problemas?- continuó Serindë con curiosidad.
No. Fue fácil. Sufrió lo que debía, ni más ni menos. Bueno tal vez un poco más. El único problema fue la salpicadura en la camisa. ¿Saben cómo quitar una mancha de sangre?-
Serindë negó con la cabeza y el vaso en sus labios.
-Medea me comento una vez que utilizando agua caliente, o al menos eso le dijo el taxista- se escuchó la voz de Sidurti de bajo de la barra.
Bueno un problema menos. Hay que continuar con la lista.- habló Tamen


La conversación se interrumpió con la llegada del detective se detuvo un instante para revisar el lugar. Continuó directo a la barra. Eso no les gusto a ninguno de ellos. Tamen recargo los codos y su bebida. Serindë se giro para dar la espalda a la barra. Sidurti tomo un tarro y sirvió una cerveza mientras preguntaba al detective que le servia.
-Sólo agua, estoy en servicio- afirmó el detective. – ¿tus amigos están aquí? Soltó una pregunta sin remitente específico.
-Coincidencias- Señaló Serindë.
-Amigas, detective, son chicas- contesto Tamen
-No puedo deshacerme de ellos. Es un capricho del destino- se deslizó la respuesta de Sidurti con el vaso hasta la mano del detective.
El detective los odiaba cuando hacían eso. Les gustaba enredar las situaciones, si no se tenía cuidado esos tres podían desquiciar a cualquiera
Y ¿qué lo trae a este lindo lugar? Insistió Sidurti
Ustedes. – El detective esperaba alguna reacción, un gesto que los delatara, pero nada pasó.- y continuó -Han estado muy quietos y bien portados, se que algo traen entre manos. Ustedes deben tener vigilancia permanente- El detective hizo una pausa. –cometerán una equivocación y yo estaré ahí. No son tan inteligentes como se creen – Señaló convencido el detective.
No es cuestión fe, SOMOS inteligentes. Siempre es una afirmación, sin dudas- Aclaró Tamen, mirando a los ojos al detective.
¿Hielos?- intervino Sidurti, tratando de enfriar la situación.
Detective, ¿ya sabe quien mato al ángel?- Sin molestarse por levantar el rostro, cuestionó Serindë, cambiando la conversación.
La seguridad del detective se esfumó. Touché! Un golpe bajo. Las sonrisas de Tamen y Sidurti no pudieron ocultarse. El caso del ángel era un escándalo. Hace seis meses Un ángel fue muerto a besos y el mejor equipo de la policía no podía encontrar al culpable. La prensa siguió el caso de cerca, haciendo ver la incompetencia de las autoridades.
- No. Bueno me marcho. La cuenta por favor- murmuro hacia la barra.
No es nada, la casa invita detective. Vuelva pronto- se despidió Sidurti.
Ciao- Se escuchó decir a Tamen desde la barra, al tiempo que el detective salía de la taberna.
Ni siquiera se terminó el sonido de la última pisada cuando se inició el ataque de risas.


Dejen de jugar. ¿No pueden ser serios para variar?-habló alguien desde la puerta. Era Leo, el ángel de la muerte y sabía que era una pregunta sin respuesta. Al menos no sería afirmativa. Podían estar decidiendo algo tan formal como el nuevo orden cósmico del universo, pero siempre se divertirían. Eran unos niños de veinte años: crueles, bromistas, caprichoso, y eso era lo que más atraía de ellos.
-¡Hola!-
- Ciao, Angello!
- Bienvenido.
Se entremezclaron los saludos.


Bueno muchachos, veo que están bien.- afirmó
¿Qué te sirvo?-
Una Mimosa esta bien Sidurti- sonrió Leo- y ¿A qué debo el llamado?
Te necesitamos- contestó Sidurti
Si, tenemos un trabajo para ti-. Complementó Serindë
Lo que gusten-. Ustedes mandan confirmó Leo
-te tomaremos la palabra- dijo Tamen.


Su conversación continuó con el rumor que fluía constante en el lugar.


Caminaba por los callejones húmedos. La lluvia constante daba un brillo de espejo a las piedras. La superficie petrea reflejaba la fría luz de los faroles. Mientras avanzaba, muchos pretextos se le venían a la mente para aceptar el trabajo. Sin embargo sólo eran eso, pretextos. Se podía decir había nacido para esto. Sus pasos emitían un ligero ruido, muy suave, movimiento propios de un ángel de la muerte como él, propios de un asesino.
Vuelta a la derecha, cuatro puertas caminado de frente y después a la izquierda, para llegar al sitio que buscaba. Un vano sin más distintivo que un farol rojo con una grafía china o tal vez era japonés. Leo entró, revisó a su alrededor y continuo hasta lo que parecía un mostrador. Una mujer apareció de entre las cortinas.
Buenas noches Leo-San- Habló la mujer mientras encendía una de las velas en el mostrador.
-Buenas noches Oiuky- Leo regresó la cortesía- No deberías llamarme así. Bien sabes que vengo por negocios.
-Lo se, pero Ángel de la Muerte es demasiado largo-


Oiuky controlaba el norte de la ciudad. Hacia valer la fuerza de la mafia asiática, de la que su familia fue parte. Era una de las mejores ya sea como amiga o como enemiga y la cofradía la prefería de su lado.
-Los chicos te mandan saludos-
- y a su mejor mensajero- sonrío Oiuky.
El Ángel devolvió el gesto.-Entonces he de cumplir mi trabajo.

Continuara .... bueno eso espero.
Serindë

3 comentarios:

  1. Serindë dijo...

    "inmortales"
    no importa lo que pase... esta historia continuará y los personajes sobrevivirán ... espero

    SIdurti

  2. Anónimo dijo...

    Interesting website with a lot of resources and detailed explanations.
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  3. Anónimo dijo...

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