18 agosto 2006

Inmortales... El Casino

Como un intento de continuar aquella historia comenzada por Serindë ( aquella en la que se narran pequeñas aventuras de los itnegrantes de tan curioso Círculo aquí os dejo un capítulo más.
Sidurti

********
El cigarrillo terminaba de consumirse en el cenicero. A pesar de lo que pudieran pensar sus colegas, realmente a él no le gustaba fumar tanto. Si tenía siempre en cu cubículo un cigarrillo encendido era más por crear el ambiente que por llenar sus pulmones.
Los papeles, los documentos, e incluso sus pensamientos se encontraban esparcidos por todo el lugar. Por más vueltas que daba al asunto, no podía hilar ninguna idea coherente sobre el asunto. No obstante, cada uno de sus pensamientos lo llevaba inevitablemente hacia un viejo recorte de prensa que descansaba sobre el escritorio.
Ahí aparecían tres sujetos, todos ellos con máscaras de carnaval: Se trataba de ese trío que tantos dolores de cabeza le causaba. Esa imagen lo remitía inmediatamente al momento en que los conoció.


Había recibido la llamada una semana antes y no tuvo ningún empacho en aceptar esa propuesta pues, finalmente, una noche de casino representaba salir de la rutina y un poco de dinero extra. El encargo era sumamente sencillo: revisar a los invitados al entrar y vigilar el desarrollo de los juegos.

La tarde del sábado había llegado y, sin mucha premura, se dio a la tarea de alistar un traje ad hoc para la ocasión. Sí, estaba justo en donde lo había enterrado años atrás. Se trataba del viejo smokin que utilizó la tarde que lo dejaron plantado en el altar y que ahora tenía su segunda oportunidad. Había pasado el tiempo y el traje aún ajustaba perfecto…bueno, sólo debía evitar, en lo posible, sacar la panza, agacharse o estirarse.
El salón estaba preparado par recibir a los casi doscientos invitados. Las luces multicolores, y la escenografía de papel brillante hacían pensar en una escena de las películas de rumberas que en las Vegas. Incluso los trajes que e habían dispuesto para los meseros hacían pensar en los pachucos que tanto había inmortalizado TinTán.
El casino ya estaba casi listo, sólo faltaban algunos cuantos ajustes como acomodar las fichas del pokér, colocar los taburetes del bar y hacerles entender a los pavorreales que debían lucir bonitos y pachoncitos junto a la fuente y no sobre la mesa de los dados.
Llegó temprano al salón, pues debía entrevistarse con la persona que lo había contratado. Al llegar al lugar un par de hombres, quienes se encontraban ya engalanados, le indicaron al detective de robusta figura cómo llegar a la oficina de “El Jefe”. Los pasos del detective resonaban –toc, toc,toc…- mientras recorría el pasillo que lo llevaría al camerino disfrazado de oficina. La tranquilidad del lugar le hizo recordar las viejas películas de suspenso…ese era el momento perfecto para que cualquier psicópata saltara sobre él con una daga. Debía poner sus sentidos en alerta.
Al final del pasillo se podía apreciar una puerta por la cual se colaba un poco de luz. Si, a pesar de no querer aceptarlo, la luz al final del pasillo le daba cierta seguridad. Apresuró el paso para llegar lo más pronto posible frente a la puerta cuyo letrero tenía la leyenda: "Final de la cordura" . Se acercó disponiéndose a tocar la puerta mientras pensaba en el interesante lema que tenía frente a sí.
-Alto- Indicó fríamente una voz desde el interior.-Ni se atreva a tocar esta puerta. Sus indicaciones están debajo de usted.
-Pe…pero…- Musitó el pobre hombre apenas recuperando el aliento.
-Debajo de sus pies. Y váyase ya.
El detective miró hacia abajo y, efectivamente, bajo sus pies se encontraba un pequeño sobre beige lacrado con un símbolo que recordaba a la heráldica.
Asegúrese de revisar que cada invitado llegue de estricta etiqueta para acceder.
También deberán presentar la invitación personalizada. Así mismo deberá realizar el cotejo con la lista de invitados.
También deberá someterlos a revisión con un identificador de metales.
Debajo de la mesa de Backgammon se encuentra la lista de invitados, el detector de metales que deberá usar y un sobre con el cheque de pago.
Cerca de las seis de la tarde los invitados comenzaban a llegar. “Estricta Etiqueta” e invitación en mano. Y todo parecía correr con tranquilidad. Poco antes de las siete se llegaron tres personas al lugar que de inmediato llamaron la atención del detective. Dos mujeres y un hombre, todos ellos ataviados elegantemente y cada uno con la invitación en la mano. El único problema era que todos portaban unas máscaras con etiqueta en la mejilla izquierda. Cosa poco usual que consiguió descontrolar al detective. Sin embargo, después de un breve altercado y una extraña negociación, accedieron a descubrir los rostros, pero sin ser revisados por el detector de metales. Una vez que consiguió observar sus rostros se tranquilizó, parecían inofensivos; sólo eran tres jóvenes intentando llamar la atención…sin embargo llegaron a un acuerdo sumamente extraño. En todo caso, el detective decidió dejarlos pasar pero no perderles la pista.
Las fichas, los juegos y las bebidas comenzaron a correr. Una velada más que, al parecer se desarrollaba con tranquilidad. Ninguna novedad o problema, y ni siquiera el trío extraño parecía actuar peligrosamente. Algo de música y ambiente que amenizaba esa noche casi tropical con palmeras y sol caribeño de papel brillante, pero aún faltaba el espectáculo principal de la noche: un número de rumba.
Justo antes de la segunda llamada el detective notó algo raro. Los tres sujetos otrora enmascarados caminaban en el otro lado del salón sosteniendo sospechosamente dos velas de cumpleaños en cada mano. Una de las chicas se separó de su grupo y se detuvo junto a un hombre -vestido de elegante negro de pies a cabeza, excepto por una corbata ancha verde agua- que no había pasado por la estricta inspección al entrar. En ese momento el detective se disponía a ejercer su autoridad y tratar de averiguar lo que tramaban esos tres. Debía saber quién era ese sujeto y, principalmente, cómo había entrado sin ser detectado. Pero en el momento en que se diponía a acercarse a la extraña pareja una columna de humo grisáceo, proveniente de la mesa de backgammon, se expandía rápidamente por el lugar.

0 comentarios: