11 enero 2007

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Katherin

La bruma apenas dejaba entrever las torres del puente principal. Era una noche fría pero tranquila como todas las demás. Apenas los sonidos de unos cuentos perros podían percibirse a lontananza. El susurro del viento cada vez se tornaba en un tórrido grito que la llamaba

-Katherin , Katherin, Katherin... ven

Ese grito desesperado consiguió colarse por la ranura entre las ventanas, logro sortear la alfombra y llegar a la chimenea extinguiendo el fuego de la habitación

DEsde los fornidos brazos de Morfeo fue arrancada por la brisa helada que invadió la habitación. Katherin se levantó del lecho con un camisón de algodón como única protección contra el frío que ahora parecía disminuir.

El llamado del viento seguía tocando los cristales de la ventana con descomunal fuerza cual mal presagio de una tempestad… no obstante, la dama de menuda figura instintivamente se acercó al ventanal. Una vez frente a él ese rugido ceso a la vez que las ventanas se abrieron frente a ella con una inquietante tranquilidad.

Afuera corría una suave y calida brisa que causaba vuelos en los grisáceos rizos de Katherin, quien camino lentamente hacia el borde del balcón. El viento la seguía llamando sin establecer una procedencia fija.

Katherin, Katherin... Katherin, Katherin...

Cerró lo ojos intentando aislar el origen de aquél insistente llamado, pero no obtuvo resultado alguno. El susurro parecía provenir de todos lados y, a la vez , de ninguno. Sin embargo aquella voz profunda no desaparecía.... Se trataba de una profunda pero suave voz que se tornaba un arrullo.

Katherin, Katherin, ven a mi, ven, regresa, ven, ven

La delicada figura de Katherin comenzaba a balancearse lentamente en pequeños círculos, cada vez con mayor fluidez hasta tornarse en grandes giros que sometían a Katherin en un estado de trance.

El blanco camisón comenzaba volar dejando sus piernas al descubierto. quien viera semejante espectáculo a lo lejos hubiera jurado que una amapola bailaba en la oscuridad.

Podía sentir las caricias de la brisa sobre sus muslos y manos, en sus pies y cuello, y en su boca la tibieza de un beso, un beso recibido en el pasado de los labios de un antiguo amor.

Finalmente el furor se detuvo. Los gritos se detuvieron al igual que los giros. Sus manos bajaron lentamente por su cuerpo para asegurarse de que todo eso no era solo un sueño; pero al llegar al torso descubrió que sus ropas estaban mojadas por una sustancia aún tibia.

A la mañana siguiente un grito ahogado rompió junto con el alba. La sirvienta encontró a Katherin con una herida en diagonal que la atravesaba justo por en medio del torso. La policía lo determinó como un crimen menor ya que a Katherin sólo le habían robado el corazón.

SIdurti

2 comentarios:

  1. Serindë dijo...

    Siempre hay llamados que no podemos rechazar.

  2. Marco Polito dijo...

    Bellissima storia. Dal tipo che mi piace di più. Come di solito, la Sidurti riusce a darci una espressione artistica nella quale noi possiamo, di fatto, sentire la sua propria anima. Grazie mille.