20 abril 2007

Cuento rápido El café

Para Serindë
El café


Se levantó súbitamente. Al fin esa noche insoportable había terminado y un suspiro ayudó a poner en orden sus recuerdos.
Bajó a la cocina y colocó agua en la vieja tetera de latón y la colocó sobre el fuego . Esa tetera había pertenecido a sus padres y, junto con el gato y la casa, fue parte de su herencia. Apenas tres años atrás había regresado a la casa paterna para ocuparla después de la muerte de sus padres y encargarse del gato que tanto amor y cariño que ellos dedicaron para sobrellevar sus penas. A la muerte de su hermana sus padres tomaron a ese animal como recuerdo y simbolo de la joven muerta prematuramente. Ahora él debía tomar la responsabilidad de cuidarla.
El agua comenzaba a hervir, pero él decidió dejarla un poco más, pues su café debía estar muy caliente para poder despertarlo. Miró las pequeñas nubes de vapor que comenzaban a salir de la boquilla y continuó su meditación. Los extraños sueños que tuvo esa noche lo habían perturbado. Una lluvia, una serpiente, un puente roto, una amatista colgando de un cuello, un caracol montado en su motocicleta, un asesinato y la cárcel... Sólo eran elementos enmarañados sin una lógica aparente...
La tetera silbó. Era el momento justo. Giró hacia las gavetas para sacar la taza y el café que siempre guardaba juntos, abrió el cajón a su derecha para sacar la pequeña cuchara. Café soluble... no tan bueno como el café recién tostado, pero era lo más práctico que podría encontrar, especialmente para ahuyentar las inquietudes. Ese sueño le quería decir algo, pero no sabía leer el mensaje...sentía una imperiosa necesidad de encontrarle sentido a todo aquello, más no podía.
La cuchara golpeaba la taza mientras dibujaba dentro una espiral de colores que se tornaban cada vez mas oscuros. En su sueño el terminaba con las manos ensangrentadas y en prisión. Un asesinato del cuál no se arrepentía, al contrario, lo dejaba satisfecho y con la plena sensación de haberse vengado. Un sabor de boca algo fuerte, pero con la suficiente dulzura, justo como su café ideal.
Se dió la vuelta y miró hacia el jardín. Ahí estaba el duende de jardín que se conviritó en reliquia familiar. Un recuerdo mas golpeó su cabeza: todo su sueño había comenzado con un duende de jardín...mejor dicho con ese duende. Ahora recordaba que todo comenzaba con la persecución de ese duende y terminaba en un puente con el asesinato de una chica que llevaba en su cuello una amatista. Esa idea le hizo sonreír. Tan sólo pensar en perseguir un duende le parecia bastante irreal, no obstante se sintió algo aliviado.
Regresó la mirada a la mesa donde le esperaba su anhelada taza de café. Parecía perfecto, pero aún le faltaba el último toque de dulzura. Regresó a las gavetas en busca del azúcar. Miró en unal uego en otra y una tercera, pero el azúcar no estaba. Pensó que talvez la habría dejado en algun otro lugar. Se agachó para buscar en los estantes inferiores... Un ruido estrepitoso lo hizo levanterse.
La taza que antes contenía su casi perfecto café había caído al suelo derramando todo. Aún no terminaba de reponerse de la sorpresa cuando descubrió unas pequeñas pisadas que lo llevaban de la cocina a la sala principal, daban la vuelta por la mesa de centro y salían al jardín. Afuera el duende del jardín lo miraba de frente...le sacó la lengua y hechó a correr. Por un instante dudó en dar crédito a lo que acababa de ver; dudó en si seguiría dormido o no...recordó su sueño y ese sentimiento de satisfacción que el asesinato le había dado. Entonces no dudó mas y hechó a correr tras el duende.

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