02 abril 2007

Rebelión

Despúes de mucho aquí les dejo una pequeña historia, espero se diviertan.

Antares, estrella de magnitud uno, forma parte de la constelación de escorpión. Es su estrella más brillante. Después de tanto tiempo la estrella no había perdido su luz. Con el cielo despejado parecía aún más grande. La belleza de las estrellas no le interesaba mucho. Había otras cosas que debía observar, mejor dicho que debía poner en curso.

Dejó de mirar el cielo por la ventana. Lo cambió por el cielo raso de la habitación. Tenía una linda decoración. Cómo siempre la casa de Astaroth lucía un “caótico orden.” Sí, en esa casa había desde un oso de felpa hasta chocolates envenenados. Pero nada encontraría al menos, claro, que lo pidiera a Ast; él tiene las respuestas.

Sus ojos substituyeron el techo por una lampara. La luz lo cansó y su mirada fue a parar al espejo. Se entretuvo observando su reflejo. Esa imagen le agradaba. Labios delgados que poseían una sonrisa perturbadora. El cabello negro, un poco largo al frente. Ojos grandes que engendraban la duda: con la primera mirada parecían totalmente negros; una segunda revisión hacían aparecer un iris púrpura con el contorno negro. Las pupilas profundas. Piel blanca, algo lechosa. Todo eso enmarcado por una vestimenta formal. El reflejo emitió un gesto

Siempre lo hacían esperar y lo detestaba. Sus pies jugueteaban en el aire. Aquel sillón, de respaldo alto, le hacia ver más pequeño. No es que fuera muy alto, hasta en las bancas del parque algunos centímetros separaban sus pies del piso. Lucifer era un pequeño adulto de doce años que jugueteaba sus pies en el sofá. Esperar era un fastidio.

Finalmente la puerta se abrió. Astaroth entró en la compañía de Belfegor. Cuando eran ángeles no pasaban tanto tiempo juntos. Esa extraña obsesión de cuenta cuentos que tenia Ast había encontrado alguien que la tolerara. El relato de la gran rebelión, Astaroth, era quien lo recordaba completamente y quien lo contaba mejor. Astaroth le evocaba aún juglar. Los rasgos finos de su rostro adquirían severidad, pero sus ojos siempre permanecían tristes.

Mientras caminaba Astaroh murmuró algunas disculpas. Palabras que ninguno tomo enserio; simples cortesías. Uno de los rasgos más evidentes de Astaroth era su melancolía. Algunos decían que él extrañaba el cielo, otros la atribuían a su conocimiento del futuro y del pasado. Belfegor lo explicaba cómo la consecuencia de contener tanta sabiduría en un cuerpo muy joven. Eso podría ser cierto. Nadie superaba su conocimiento, ni entre los ángeles ni entre los demonios. Su sabiduría le permitía contestar cualquier pregunta. Su juventud emitir quejas constantes sobre su injusta expulsión.

Después de conversar sobre el clima, la cena y las últimas películas; Lucifer dejo de dar vueltas al asunto. Si él no lo hacia los otros dos, aún sabiendo sus intenciones, podían dejar pasar años. Además había estado tranquilo por algún tiempo. Lucy se había centrado en promover pequeñas disputas.

El niño sacó un dulce de un bolsillo. Una paleta de cereza. Astaroth sabía que Lucifer disfrutaba ser un niño. Eso explicaba todas las peleas que causaba. Nunca se estaría quieto; ni siquiera cuando lograra sus objetivos. Astaroth apreciaba la fortaleza, pero la ira tan practicada por Lucy, no es su pecado favorito. Hay mejores formas de caer y hacer caer en tentación. Si es peligro lo que se busca siempre se puede hacer peligrar el alma.

En compañía de ese diablillo cuerpo y espíritu corrían serios peligros. ¿Qué seria esta vez? Cuando Lucifer pronuncio la frase: “Quiero gobernar nuevamente”

Astaroth sólo pudo contestar -Valgame Dios-



Continuará... algún día.

Serindë

1 comentarios:

  1. Sidurti dijo...

    Preparense para la nueva rebelión de LUci....

    GENIAL