21 junio 2007

Espera.



La lámpara parpadeó unos instantes. Ahora la luz blanca era constante. A él le gustaban los lugares bien iluminados. Su trabajo a sí lo exigía; un trabajo delicado. En el estante podía verse el ejemplo de su dedicación. Numerosos frascos se exhibían. Alineados. En su interior una sustancia desprendía un ligero brillo. El líquido parecía mezclado con diamantina fina.
Los recipientes en la parte más alta, eran sus mejores especimenes. Las piezas muy importantes de su colección. Almas que él atesoraba como sus más valiosas posesiones.
Había distintos modos de obtener un alma. Se podían extraer del cuerpo con una fotografía, por medio de un conjuro, un bebedizo, atraparla después de un estornudo y la más artesanal: esperar a que se desprenda del cadáver.


Mirar su “galería” le tranquilizaba. Su acostumbrada templanza se esfumaba al pensar en el grupo que pretendía interrumpir su trabajo. Gente sin una pizca de seriedad o al menos no la demostraban. Aun así, fuera por casualidad o por profesionalismo, la Agencia Inmortales, le seguía muy de cerca. La astucia de esos chicos era incuestionable.
Esta noche saldría. Hace cinco días encontró un alma perfecta para su colección. Era el momento de capturarla.



Hotel Deja-vu. Habitación 233

Esa tarde había llegado la correspondencia: dos estados de cuenta, una propaganda y una postal de República Dominicana. Llegó el curso por correspondencia, de Leo, para elaborar disfraces la noche de brujas. Llegó un libro de hechizos y conjuros wicann para Sidurti; Claro, con el último número de la revista para Barmen´s, cantineros y taberneras. Llegaron los filtros y lentes para la cámara de Serindë. Llegó una nota de un extraño conocido. Sí, ese día habían llegado muchas cosas a la habitación 233; pero del sushi de Tork no había seña alguna. Tendría que tomar medidas al respecto.
En la habitación sonó el teléfono. Sonó la puerta, y los pasos escaleras abajo. La venganza por el sushi tendría que esperar. El ladrón de almas escapaba por las calles de la ciudad. Los inmortales seguían su sombra.

1 comentarios:

  1. Sidurti dijo...

    Hay que tener cuidado con la pimienta y las epidemias de gripe. Nunca se sabe cuándo el alma puede salir volando...
    No quiero perder el alma...no quiero estamparme en las puertas automáticas de los supermercados