15 marzo 2008

Una tarde


La lluvia cesó dejando tras de sí una delgado espejo de agua y una brisa fresca dominaba el espacio entre los edificios. En ese extraño espejo se dibujan simpáticas imágenes que ponían de cabeza a la ciudad: un árbol parecía sumido en lo más profundo de la tierra, pues sus ramas se convertían en raíces; la gente parecía que caminaba al reves y las palomas de la plaza se perdían en ese mundo subterráneo cada vez que levantaban el vuelo.
Todas estas imágenes eran la delicia de la pequeña Lucía quien a veces brincaba en los charcos esperando meterse a ese mundo fantástico y huir de su realidad.

2 comentarios:

  1. Leticia Zárate dijo...

    Qué belleza, belleza pura, y además me hiciste recordar que de niña yo también tenía una segunda realidad, ¿o la única?...

    Saludos cordiales.

  2. Sidurti dijo...

    Gracias LEty, gracias.
    Me sonrojo >_<