17 julio 2009

Mi hora favorita

Le llamamos "hora" sólo por modismo, aunque en realidad pude durar menos o mucho más de esos 60 minutos. Si tenemos suerte, es la hora en la que podemos departir con la familia o los seres queridos, eso de compartir la hora de la comida con alguien desagradable es una de las situaciones que más odio.





Tengo como regla personal destinar una una hora de mi tiempo para los alimentos, especialmente cuando tengo que preparlarlos. No soy mala cocinera, aunque tampoco soy muy buena, eso sí, me encanta ver esa transformación casi alquímica de los alimentos...los aromas me envuelven, me dejo guiar por ellos para saber qué tan cerca estoy del objetivo final:Comer.
Sí, soy mejor comensal que cocinera. Declaro mi debilidad ante un delicioso plato de milanesa con ensalada y papas fritas; unos chilaquiles o enchiladas con un poco de queso bien gratinadito, con sus rodajas de cebolla; ni hablar de un flan napolitano o un buen trozo de pastel; hasta una naranaja partida a la mitad con un toque de sal y salsa. Caray, vaya que me gusta la hora de la comida y especialmente de la mexicana, que es básicamente toda la que tiene como base el nixtamal como un atolito de masa, los tamales, o bien una sopa de tortilla, es más, me fascina el sabor de la tortilla tostada o pasadita por aceite, ¡Al diablo las dietas!
Es un deleite dedicarse a comer sin presiones, sin prisas; se debe tomar cada bocado, degustarlo y, por supuesto, acompañarlo de una buena plática, de esas que se alargan naturalmente hacia una buena sobremesa.
Destinar un tiempo inespecífico para esas conversaciones frente a los platos vacíos es tan sólo el remate de "una hora" de mi día a día.