02 septiembre 2009

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"Si escuchas una explosión...

..te tiras al piso"

Esa fue la extraña indicación que me dió una amiga de mi prima cuando visitamos su pueblo. Es una frase muy rara, pero cobrará sentido conforme sigan leyendo.
Parte de mi famila vive en Cd. Sahagún, en el estado de Hidalgo, un lugar que solemos (o solíamos) visitar cada septiembre para festejar el cumpleaños de mi tío y ya de paso las fiestas patrias, pues muy cerca de la casa de mis tíos está Tepeapulco, un pueblecito hermoso en donde la feria y las fiestas patrias están llenas de color, de sabores, de tradición.
La principal caracterísitca de esta fiesta es la representación de la Quema de la Alhóndiga de Granaditas, uno de los episodios de la revolución de Independencia (si, ése en donde los insurgentes queman la alhóndiga o granero, gracias a la heróica participación de El pipila). Ésta se hace la noche del 16 de septiembre, la noche posterior a la romería del grito.

Pues bien, ese año (2006) una de mis primas, con todo celo y cautela, sólo nos llevó a otros tres y su amiga -cuestiones del espacio- para ver la famosa Quema. Con todo sigilo nos escapamos de los demás primos y nos salimos de casa para ver la famosa. En el camino, su amiga nos compartía las mejores estrategias para ver el espectáculo y qué hacer en caso de perdernos entre la gente.
Dejamos el carro a unas calles del centro de Tepeapulco, y nos unimos a todos los demás que llegaban caminando. Entre empujones y gritos, nos comentaban que años atrás el espectáculo era mucho mejor, que había más luces y cohetes.
Nos señalaron una de las estructuras que a mi parecer era un fuerte de cajas de cartón, pero era, decían, la famosa Alhóndiga. De ese lado de la calle había un grupo de gente, los españoles según escuché. Al otro extremo de la calle, se comenzaban a formar grupos de actores, debidamente ataviados: Pude ver a lo lejos un Hidalgo cabeza de algodón, otro sostenía un estandarte de la guadalupana; muchos con machetes y pantalones de manta ; más lejos se veía un Allende o Guerrero, y uno que otro con paliacate rojo, y otro más con una cosa atada a la espalda, presumiblemente un Pípila.


Mientras nos acomodábamos sobre la banqueta, la amiga de mi prima -cuyo nombre no recuerdo- nos daba más indicaciones: Debíamos esperar a que la representación comenzara y que los insurgentes avanzaran y después, caminaríamos detrás de ellos. Ahí fue cuando mis primos y yo lanzamos un ¿Ehh?! Pues pensábamos que veríamos todo desde la banqueta -en mi caso, lo que la miopía me permitiera ver.

La representación comenzó: Se cantó el himno, se dijeron algunas palabras al micrófono, las cuales no comprendí; los insurgentes prendieron algunas antorchas, y comenzaron los gritos, las proclamas, la emoción. Algunos comenzaron a lanzar bengalas hacia el otro lado de la calle, la guerra había comenzado.
Avanzaron, pasaron frente a nosotros, y nos unimos a ellos. Instantes después, nos mezclamos con los insurgentes, junto a nosotros salian las ráfagas de bengalas iluminándonos, estábamos ahí, en medio de la revuelta, gritando y lanzando vivas a México...o España -no pude soportar la tentación. Ahí fue donde pude tomar algunos videos, que les pongo al final.
Mientras caminábamos hacia la Alhóndiga, La amiga de mi prima nos dió una última indicación: Si escuchan una explosión se tiran al piso y luego corren. Al escuchar esas palabras maldije mis agujetas largas y desatadas, pero continuamos con el recorrido.

Segundos después se escucharon más gritos, y un resplandor apareció al otro extremo de la calle, justo frente a nosotros y al lado del banco: Los insurgentes, mejor dicho, El Pípila, había llegado al edificio de cartón y le prendió fuego.


Es una lástima que el video no tenga audio, me tendrán que creer que el sonido era estremecedor. Comprendí, en parte ,aquella frase de Retumbar en sus centros la tierra, al sonoro rugir del cañón.

No recuerdo cuánto tiempo pasó antes de que se extinguier el fuego. Cuando eso sucedió caminamos un poco por la feria. Nuestras guías nos comentaban que antes era mucho más espectacular.

Unos años antes de esta experiencia, algo salió mal en Tepeapulco y la quema de la Alhóndiga se salió de control, hubo una explosión que, me contaba, destrozó los cristales blindados del banco; también nos contaron que algunas personas murieron y otros tantos resultaron heridos. Desde entonces, eliminaron algo de pólvora a la representación, pero no evitó que se rompiera la tradición.




Y como un Plus, el mismo episodio de la guerra, versión Televisa.

Sidurti.

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