15 febrero 2010

Química


Las tiendas abrieron con cautela, temprano como de costumbre. Las flores llegaron intactas, las cajas de chocolates permanecían cerradas, el número de globos rotos no fue diferente al habitual. Parecía que las medidas para contener los atentados contra el catorce de febrero dieron resultados. Aun así un aire de incertidumbre prevalecía.
Las primeras horas del día transcurrieron con normalidad. Por suerte el servicio meteorológico herró su pronóstico: el cielo lucia despejado, sin señales de esa lluvia inoportuna que obliga a quedarse en casa; y las parejas invadieron las plazas, los cines, los cafés, con las manos ocupadas sosteniendo todos los regalos, sosteniéndose a ellos mismos.
Una simple acción bastaría para romper el catorce de febrero. Una botella rota en cada lugar de reunión y una ligera neblina lila comenzó a fluir de los fragmentos de vidrio. La nube se esparció siguiendo al viento y las flores comenzaron a caer al piso, los globos se escaparon hacia el cielo, los labios se alejaron.
El desamor flotaba en el aire brumoso mientras una lluvia de carteles descubría al culpable… La secta de los corazones rotos cumplió su propósito



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