20 octubre 2010

Los Inmortales viajan a...

Destino Improvisado

No cabía duda de que, los integrantes de la agencia, estaban acostumbrados a llamar la atención. Eran, por así decirlo, de carácter extravagante. Su singular percepción del mundo generaba una impresión perdurable en aquellos que se cruzaban en su camino. Pero la situación en el aeropuerto era incomprensible.
Las miradas de los sobrecargos y los pasajeros iban desde la incredulidad a la piedad. Todos parecían saber algo que los agentes necesitaban conocer. Ahora sin donas y sin café se concentraban en tan extraña situación.


Una vez que, los pasajeros, terminaron de abordar, las azafatas iniciaron el discurso sobre la seguridad y los detalles técnicos del vuelo: el tiempo, los cinturones, las salidas de emergencia, etc., etc. Dicen que el capitán se presentó y dio el anuncio para iniciar despegar. Uno, dos, tres pequeños avances por el aeropuerto mientras se despejaba alguna pista consumieron treinta minutos en tierra. Y aún sobre el asfalto, algo llamó la atención de los agentes. El avión giró a la izquierda, ajustó los alerones y dejó ver un anuncio –sobre una barda- : el asesino de los chocolates anunciaba su próxima, mejor dicho, a sus próximas victimas.
La sentencia de muerte se alejaba conforme el boing 747 se elevaba. A los 35,000 pies de altura comenzaron a servir alimentos y bebidas. Tork aguardaba a super-man entre las nubes que tocaban el ala. Sidurti buscaba el gremlin sobre el ala. Serindë, aferrada al asiento, esperaba que no se rompiera el ala. Leo ordenaba bebidas para los cuatro.
Cuando la azafata preguntó “¿sus bebidas con hielo, señor?” Leo sintió como la verdad lo golpeaba en el rostro: la publicidad, la amenaza, el asesino… esa era la causa de tan extraña atención. Sin mirar a la sobrecargo, respondió: "Si", con aire triunfal. Un vaso con hielo y vodka esperaba en la débil mesita y ángel de la muerte murmuró decepcionado: – ¡y por eso tanto escándalo!-
Viaje en primera clase, pero no un vuelo directo, era obvio que los administradores de la agencia inmortales no podían resolver todo. Por la mente de los cuatro agentes la idea de buscar un nuevo manager se dibujo claramente. Estar detenidos 5 horas en el aeropuerto no era la mejor forma de iniciar tus vacaciones. A las 18 hrs., la voz indistinguible que anuncia las salidas decretó la cancelación por mal clima. En resumen las horas de espera se multiplicarían como por arte de magia. Lo mejor era buscar un lugar donde pasar la noche y esperar que los vuelos se restablecieran al día siguiente.

Sol, Arena, Inmortales
Entre traslados, instalación y hambre, decidieron esperar la claridad del día para recorrer la ciudad. La habitación era pequeña, sobretodo para albergar a cuatro personas y diez maletas. En particular las maletas lucían incomodas, algo amontonadas. Ahí, en la última habitación disponible las noticias no mejoraban nada: el siguiente vuelo sería en cinco días, la agencia no enviaba los viáticos, la televisión se encontraba descompuesta y en el menú no había sushi.
La noche pasaba lentamente entre algunos juegos de azar. Las cartas se deslizaban entre los dedos de Leo y con un poco de suerte no perdería, de nuevo. Las tardes libres en la taberna habían hecho de esos tres unos expertos. Después del quinto juego ya no se trataba de quien de los cuatro ganaba la partida, sino de quien LE GANABA la partida y con ella un poco de su sueldo. Cuando la quincena del Ángel de la muerte se terminó se cansaron de esperar y los cuatro chicos dejaron la habitación, para buscar la cena. Ahora Guadalupe era parte de su destino vacacional y tenían que disfrutar.
Pionte-A-Pitre, era una ciudad “caribeña” como muchas otras: construcciones españolas y francesas de amplias ventanas, edificios de muros blancos vegetación exuberante, humedad, calor, pobreza inocultable y riqueza exhibicionista. Una combinación extraña y cotidiana como el aroma dulce que desprende ron y el salado aire que despide la marea. Un lugar particular, con el aire misterioso de las islas criollas. El cielo nublado no amainaba el calor, sólo lo hacia soportable. Las bebidas frías eran buenas acompañantes y la piscina el mejor lugar para esperar el medio día.

Un pedacito más de inmortales: Vacaciones... al fin!!!

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