30 octubre 2014

Pato medievaloso

Después de algún tiempo de ausencia, el Señor Patito® vuelve a las andadas.

No porque en este tiempo no haya hecho nada. Como ustedes saben este personaje viaja a uno que otro punto de la república y lo mismo se junta con alcohólicos que con ateos. En esta ocasión le dio por juntarse con medievalosos.

Medievaloso: para efectos de esta entrada, dícese de aquél que, en una onda idealista, idealizadora ─porque claro, todo mundo quiere ser princesa o guerrero y a nadie le interesa ser un campesino mugroso, igual que ahorita─ y de convivencia, ha buscado recrear lo que el imaginario común ha entendido como lo correspondiente al mundo medieval, es decir, ese lapso de tiempo comprendido entre hace 16 y 6 siglos en las lejas tierras europeas ─sí, «lejas», es decir lejanas, es una expresión del castellano antiguo, pa' ir entrando en ambiente─. En esa búsqueda, el medievaloso se ha dado a tratar de revivir, no lo feo, como la peste, la Inquisición o los abusos de los reyes, sino una parte fundamental de la economía dentro del periodo aludido: las ferias.

No es la ocasión para detenerse a platicar los orígenes de las ferias, los productos que comerciaban o la importancia que tuvieron para el desarrollo de regiones enteras durante siglos; ése será material para un posterior y aburrido artículo. Baste por ahora platicarles acerca del paseo que el Señor Patito® tuvo a bien realizar en una de estas recreaciones de las ferias y marchando en pos de lo auténtico.

La dichosa feria se ubicó en la delegación Iztapalapa, en el convento de San Juan Evangelista, mejor conocido como Exconvento de Culhuacán, lugar construido en el siglo XVI y que desde hace casi 20 años es museo, lo cual lo vuelve un buen sitio para un acto de esta naturaleza.

El encuentro con lo auténtico no se hizo esperar desde la entrada:

Auténticas lonas medievales
Desde muy temprano ─como a las 10:30 de la mañana─ la vendimia estaba en todo su apogeo: joyas, armas, comida, ropas... hasta un castillo se encontró y, obviamente, pasó a reclamarlo y tomar posesión de él, mientras esperaba que la comida estuviese lista:

Auténtico castillo medieval
Auténtica parrilla medieval y auténtica hielera medieval
Una parte muy importante del imaginario de las ferias ─y de las propias ferias─ la conforma la práctica de los torneos en diferentes disciplinas, siendo representados en este caso la arquería, poco útil en el combate en aquel entonces, pero muy socorrida para presumir y lucir ciertas habilidades y competencias; además de los duelos con espadas, arma cuyo dominio sí eran necesario para poder partirse el queso... ya saben, las Cruzadas y demás. El Señor Patito® confiesa no ser lo bastante diestro con el arco, por lo que sólo se dedicó a ver cómo los participantes hacían gala de sus dotes, siendo un espectador entusiasta.

Auténticos objetivos medievales

Nótese la seriedad de la disciplina. El personaje cuya cabeza asoma justo tras el arquero portaba un anillo de los Blue Lanterns. No hubo ocasión de preguntarle.

Con lo que sí se emocionó fue con los duelos de espadas:

Aquí se le puede ver vitoreando a su guerrero preferido
Al grado de que quiso entrarle a la refriega y, ni tardo ni perezoso, fue por su arma:

«Ora sí, ¡échenme a los que quieran!»
Pero le dijeron que no, que primero tenía que haberse inscrito al torneo. Tuvo que conformarse con tomarse la foto con los gallardos caballeros. El hombre de la derecha estaba seriamente preocupado de que esta entrada fuera alguna clase de burla a su práctica y aficiones. El Señor Patito® asegura que no hay tal burla ─no a él, al menos─:

Hablando de imaginario, tal hombre ─con auténticos anteojos medievales─ bien pudo haber sido uno de los expedicionarios españoles que acompañaron a Pedro de Alvarado en tierras americanas
Por supuesto no fue lo único. Como se trataba de presentar espectáculos considerados como exóticos, donde lo principal era la novedad, lo no conocido, lo que no existía en el propio feudo, no podían faltar los actos con bailarinas de diversas clases y colores:

Auténticas bailarinas ¿árabes? medievales que bailaban a ritmo de Cheb Khaled



Éstas sí eran auténticas bailarinas medievales, bailando a ritmo de Corvux Corax
Ocasión en la que no perdió la oportunidad de retratarse con las representantes del sexo femenino, desde una bella bailarina:

Auténtico maquillaje medieval
Una guerrera lanza fuego, cuyo acto, vaya la contradicción, dejó frío al público:



Vieran qué bonito le salió el acto.
Y hasta a las niñas ataviadas de princesas les brindó la oportunidad de su compañía:

El padre de la niña vio con cierto recelo la intención de la foto, pero cuando vio que era con el Señor Patito® y que la niña estaba dispuesta ya no hubo problema.
La música de gaita es famosa en estas ferias. Su presencia data más o menos del siglo IX —los años 800, pues— y, aunque actualmente es asociada con las tierras de Escocia e Irlanda, en efecto fue parte de la música profana —es decir, no sacra— de buena parte del periodo medieval:

Auténtico gaitero medieval
Y cómo olvidar —por vida de Dios— a los bufones. Seres que, mucho antes de Spider-Man, ya sabían que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Ellos eran encargados, junto con los mester de juglaria, alias los juglares, de actuar, contar historias, cantar canciones, hacer representaciones, etcétera. todo con tal de entretener a la gente y tener de qué vivir. Aunque muchos componían sus propias obras o canciones ─cosa que se volvió cada vez más frecuente─, por lo regular se trataba de historias ya conocidas por todos: como el Cantar de los Nibelungos y otros, es decir, historias que la gente se sabía de memoria y que gustaba de escuchar. Algunos entraban en detalles sobre cómo Sigfrido derrotó al dragón, mientras otros se centraban en la apasionante historia de Brunilda. En pocas palabras: no importaba la novedad del relato, sino la forma de contarlo.

Auténtico bufón medieval, con quien hubo la oportunidad de conversar y se portó a todo dar
En estas representaciones salta a la vista algo peculiar, o mejor dicho, la ausencia de algo: no se ven por ningún lado miembros del clero. No hay un monje, ni un fraile, ni alguien del clero secular, ya no digamos un obispos, un cardenal o un papa. Tampoco se escucha por ningún lado música sacra, ni órganos, mucho menos un coro. En su lugar hay mucha música profana. Muchas piezas son compuestas por los propios intérpretes de las ferias actuales; otras son piezas rescatadas de épocas antiguas y de las que se tienen bastantes muestras, pues contrario a lo que se cree, la Iglesia Católica nunca censuró la música. Algunos ejemplos se pueden escuchar gracias a grupos como Filia irata o Corvux Corax.

Auténticos músicos profanos medievales
El Señor Patito® lamenta mucho dejar sin mencionar muchas cosas. Las ferias medievales, tanto las originales como estas versiones idealizadas, presentan elementos culturales muy interesantes. Quizá estos elementos faltantes puedan ser abordados en ese posterior y aburrido artículo, así bien culturoso.

Como pilón queda para ustedes el testimonio de cómo el Señor Patito® pudo haberse vuelto la imagen oficial de una marca de cervezas. El trato no se realizó, pues el pato, como ustedes lo saben, es un alcohólico en recuperación, quien sólo por hoy no beberá. Sin embargo muestra a ustedes una imagen de prueba de la campaña publicitaria:

Auténtica cerveza medieval, con auténtica botella medieval y auténtica corcholata medieval
El pato se despide, no sin antes agradecer las atenciones del personal de Mundo medieval y prometiendo que asistirá a futuras ferias y actos de esta naturaleza.

Gracias.

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